Miguel Hidalgo y Costilla y la independencia en Saltillo

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Miguel Hidalgo y Costilla no es que haya venido de paseo por Saltillo, más bien las consecuencias de la lucha de independencia lo obligaron. Su huida tuvo fuertes motivos, como llegar hasta Estados Unidos para refugiarse y conseguir armas para continuar la rebelión. Ah, y claro, tratar de salvar su vida. Aunque ese plan no resultó.

El conflicto armado estalló en México, pero el Grito de Dolores del 16 de septiembre de 1810 solo fue el inicio. En enero de 1811, tras perder contra las fuerzas realistas en Guadalajara, al cura y al contingente insurgente no les quedó más que escapar hacia el norte.

Cuando Miguel Hidalgo y su ejército llegaron a la Villa de Santiago de Saltillo, los habitantes ya sabían de aquel sacerdote rebelde.

Meses antes de la huida insurgente hacia el norte, el 23 de septiembre de 1810, en la Villa de Santiago se celebró la feria anual, a la que asistieron personas de todas partes del país. Fueron ellos quienes transmitieron la noticia del levantamiento armado.

El investigador Arturo Berrueto explica que la noticia alertó a las autoridades españolas de la Villa de Santiago, pues era un pueblo gobernado por clase pudiente y que incluso se preparó para defender la corona.

Aunque esto cambió a finales de 1810, cuando ya era más notoria la inestabilidad de los españoles en territorio mexicano. Tanto que el mismo Hidalgo se hospedaría durante más de una semana en una casa dispuesta para funcionarios del propio ayuntamiento de la Villa de Santiago.

Hidalgo en Saltillo

La misión de Hidalgo al avanzar hacia el norte era hacerse de armas, pero para eso tenían que atravesar Coahuila y luego llegar a Texas.

Villa de Santiago hasta territorio texano eran poco más de 400 kilómetros. Recordemos que en ese tiempo el transporte era a caballo o a pie, por lo que los trayectos largos eran días de recorrido.

Como parte de la estrategia, el 5 de marzo de 1811 Hidalgo entró a la Villa de Santiago de Saltillo, donde se quedó por 11 días. En ese tiempo ofició acto en la parroquia que ahora es la Catedral de Saltillo, aunque de esto último no se tienen mayores datos oficiales que lo narrado en libros por el médico y escritor saltillense Jorge Fuentes Aguirre.

Durante su estancia en la villa, los insurgentes se hospedaron en el Mesón del Huizache, entonces situado en la actual calle Morelos.

Hidalgo se alojó en la casa ubicada en la esquina de las hoy calles Hidalgo y Aldama, donde está la zapatería Cklass. Ese sitio era la vivienda del tesorero de la villa, Manuel Royuela.

La estancia de Hidalgo en este lugar tiene una anécdota que incluso ha llevado al debate a los historiadores locales.

Una fotografía de A.V. Carmona, aunque ilegible por las condiciones de la foto, muestra la casa con una placa que conmemora la estancia del insurgente.

Se trata de una fotografía en blanco y negro, tomada a la acera poniente de la hoy calle Hidalgo. En la esquina se observa la casona de dos pisos con seis balcones, así como con varias puertas y ventanas en la parte baja. A la izquierda de esta propiedad se encuentra la casa Purcell.

La última misa

Retomando el camino de Hidalgo cuyo fin era Texas. El 16 de marzo de 1811, el bando insurgente salió de la Villa de Santiago rumbo a Monclova.

Una de sus siguientes paradas fue en la Hacienda Santa María, en Ramos Arizpe, a unos 28 kilómetros de donde se quedaron en el centro de Saltillo. Ahí, con la serranía como paisaje y cuidada cual tesoro histórico, todavía existe una capilla en la que se venera a la Virgen del Rosario.

Fue en ese lugar en donde Miguel Hidalgo ofreció la última misa de su vida, según lo han referido figuras como el cronista de Ramos Arizpe, Manuel Gil Vara y el escritor Jorge Fuentes Aguirre.

El resto de la historia cae en lo trágico y se desenvuelve en Acatita de Baján, Coahuila, donde el cura y sus séquitos fueron emboscados por el coronel realista Ignacio Elizondo. Como prisioneros fueron llevados hasta Monclova y después a Chihuahua, en donde les dieron muerte por fusilamiento.

Las cabezas de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez se exhibieron como escarmiento en la alhóndiga de Granaditas en Guanajuato. Así, los ojos de estos caudillos se quedaron sin ver los resultados de su lucha, pues la consumación de esta guerra llegó hasta el 27 de septiembre de 1821 cuando el ejército trigarante ahuyentó finalmente, al ejército Español.

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