El inicio de la glosa del Tercer Informe de Gobierno de Esteban Villegas Villarreal en el Congreso de Durango marca un momento clave de escrutinio. No basta con presentar logros; es indispensable que este ejercicio cumpla con su función democrática: transparentar, contrastar expectativas con realidades, y abrir espacio para que los ciudadanos conozcan no sólo lo que promete el gobierno, sino lo que efectivamente se ha hecho, lo que hay pendiente, y lo que podría corregirse.
Logros reconocidos, pero con matices
No se puede negar que el mandatario ha avanzado en ciertos rubros que la población considera críticos: salud, educación, bienestar, infraestructura. Durante las comparecencias de los secretarios de Educación, Salud y Bienestar, se mencionaron programas como Médico en Casa, la coordinación de emergencias médicas, entrega de útiles escolares y uniformes, así como apoyo a vivienda.
Sin embargo, estos logros conviven con señales de incertidumbre y déficits en otros aspectos igualmente urgentes para la ciudadanía. La oposición ha hecho énfasis en que hay carencias visibles y necesidades no atendidas, mismas que merecen respuestas concretas, no sólo afirmaciones de avance.
El desafío de la objetividad legislativa
Uno de los puntos destacables es la insistencia en que la glosa se realice “con objetividad e imparcialidad”. Este llamado tiene peso por varias razones:
• Porque la confianza ciudadana está estrechamente ligada a la percepción de que la política trasciende el intercambio de golpes partidistas.
• Porque los instrumentos institucionales de rendición de cuentas pierden legitimidad si se usan con fines políticos más que con fines de servicio público.
• Porque en regiones como La Laguna, donde la desigualdad, las tensiones sociales y los desajustes en infraestructura y servicios son sentidos con crudeza, los discursos necesitan estar respaldados por pruebas tangibles.
Pendientes que no pueden relegarse
• Obra pública y transparencia en inversión. Aunque se han anunciado proyectos de infraestructura, hay poca claridad en algunos casos sobre plazos, montos reales ejercidos, adjudicaciones, y eficiencia de ejecución.
• Servicios de salud al alcance real: programas como “Médico en Casa” son bien recibidos, pero la población exige no sólo que existan, sino que funcionen con calidad, continuidad, con recursos suficientes y cobertura en zonas remotas.
• Educación con resultados que impacten: los avances en comprensión lectora y matemáticas son pertinentes, pero se requieren estrategias sostenibles para cerrar brechas entre municipios y mejorar la infraestructura escolar, docente y tecnológica.
• Atención a la desigualdad: Durango tiene áreas muy rezagadas en términos de servicios básicos, conectividad, oportunidades de empleo. Esas zonas no deben quedar al margen de los programas estatales.
La glosa como ejercicio de ciudadanía
Más allá del gobierno y del Congreso, la población juega un rol fundamental. Que la ciudadanía observe, critique, participe y exija es lo que legitimará los señalamientos y dará dirección al ejercicio legislativo.
Para ello:
• Que los medios de comunicación, académicos y organizaciones civiles acompañen este proceso con datos, verificaciones y reportes independientes.
• Que los diputados locales se preparen con información concreta para interrogar a las dependencias, para exigir cuentas claras, no discursos de optimismo.
• Que el gobierno acepte la crítica como oportunidad de mejora, y no como adversidad.
La glosa del informe de Villegas Villarreal representa una prueba de madurez institucional para Durango. Si se hace bien, puede fortalecer la gobernanza, aumentar la confianza en las instituciones y servir de puente entre lo prometido y lo entregado.
Ahora bien, si se usa como acto ritual sin asumir compromisos reales o sin reconocer las carencias palpables, entonces estaremos ante otra ceremonia más que ante un ejercicio real de rendición de cuentas.
Que la objetividad, la evidencia y las demandas de los duranguenses guíen estas semanas. La historia y la política lo agradecerán.






