El nombramiento de Sébastien Migné como seleccionador de Haití ha generado titulares inusuales: aunque dirige al equipo nacional, nunca ha podido pisar territorio haitiano. Desde su llegada al cargo hace alrededor de 18 meses, el francés ha gestionado todo a distancia, debido a la grave crisis de seguridad que vive el país.
La capital, Puerto Príncipe, está bajo el control de bandas armadas, lo que ha provocado desplazamiento masivo y condiciones críticas para la ciudadanía.
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Migné ha justificado su ausencia: “Es imposible porque es demasiado peligroso… ya no hay vuelos internacionales que aterrizan allí”, ha declarado.
En lugar de viajar, el estratega basa su trabajo en reportes de la federación haitiana, con quienes mantiene constante comunicación telefónica para evaluar el desempeño y el perfil de los jugadores locales.
Además, ha buscado reforzar el equipo con futbolistas de la diáspora haitiana, convenciendo a figuras como Jean-Ricner Bellegarde, Josué Casimir y Hannes Delcroix para representar a su país.
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Su labor remota ha rendido frutos: en noviembre de 2025, Haití aseguró su pase al Mundial Copa del Mundo 2026, su primera clasificación desde 1974.
Los partidos de local no se disputan en Haití por seguridad: han utilizado como base a Curaçao, a cientos de kilómetros, para sus compromisos eliminatorios.
Para Migné, este logro no solo es deportivo, sino también simbólico. Ha señalado que su objetivo ahora es viajar a Haití cuando sea seguro “para ver qué se está haciendo localmente y conocer a los jóvenes que podrían formar parte del equipo para el Mundial”.



